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La corrupción legislativa.

Hoy vamos a hablar un poco de corrupción. Pero no en relación a pequeñas corrupciones a nivel de unas facturas pagadas por un Ayuntamiento a la empresa que previamente sobornó al alcalde, al concejal, al funcionario jefecillo, o al partido. Ni siquiera a nivel de comunidad autónoma por importes de cientos de millones de euros. Vamos a hablar de la gran corrupción estatal a nivel de decidir lo que se legisla y lo que no se legisla; es decir de corrupción “legal”, aunque pueda parecer contradictorio.

Mientras tú decides votar al PSOE, al PP o a alguno de sus clónicos, las grandes empresas y empresarios que reciben los grandes beneficios económicos son siempre las mismas. Te crees que votando a unos o a otros de estos partidos decides algo al respecto y por eso te entretienes con las tertulias políticas, sigues algunas sandeces de twitter y hasta escribes comentarios en las webs de los periódicos, defendiendo a tu partido favorito o insultando al partido de enfrente. Pero dentro del sistema ya está previsto que tú ejerzas tu libertad de expresión en internet contra esos partidos o políticos, que cambies de voto y que cambie el partido o el político gobernante a consecuencia de los votos. ¿Y qué? Nada de eso perjudica, ni impide, ni dificulta que las grandes empresas se sigan llevando la parte del león. Estas empresas nunca pierden las elecciones.

Esos partidos no son más que unos testaferros de las grandes empresas que tienen el verdadero poder. No solo porque tienen el dinero, sino porque algunas incluso “crean” el dinero y deciden quién va a tener dinero y quién no. Los que de verdad mandan, no ostentan la titularidad oficial del poder político ni se presentan a las elecciones, sino que ponen ese poder “a nombre de” unos partidos políticos. Igual que algunos tienen sus cuentas en el extranjero a nombre de otras personas. Con la votación, de vez en cuando se obliga a que esas empresas cambien de testaferro. O ni eso, porque los testaferros principales son siempre los mismos, con lo que solo se quita al testaferro actual y se vuelve a poner al de antes. Cuando el sistema se tensiona mucho y la gente quiere verdaderas alternativas, de vez en cuando se inventan un testaferro nuevo, que curiosamente antes vivía en la misma casa que los testaferros de siempre. O cambian de nombre a uno de los testaferros de siempre y le llaman “refundación”.

No estamos hablando de un sistema enfermo, sino de que la enfermedad es el sistema. No estamos hablando de un organismo en el que nace un tumor canceroso, sino de que el organismo es el tumor. El sistema es el Alien, no la nave Nostromo. Hasta se puede decir que este sistema es de obligatoria aplicación a partir de ciertos niveles, en los que el político sabe que precisamente lo que no puede hacer en ningún caso es legislar contra los intereses de las grandes empresas. Si el político sabe comportarse, cuando pierda el cargo político habrá una gran empresa, partido, fundación o chiringuito que le ofrezca un puestecito de 100.000€ anuales sin hacer nada; pero si no, no. El que no sepa comportarse, no solo no tendrá ese puestecito después, sino que hasta entonces le machacarán en los grandes medios de comunicación hasta conseguir que lo echen los electores o incluso su propio partido. No sea usted tonto, que todos salimos beneficiados.

Se espera que el cargo político sea lo bastante “inteligente” como para darse cuenta de cuál es el verdadero sistema. Hay que ser tonto, pueril, ingenuo e inocente para no darse cuenta, porque la verdadera naturaleza del sistema la muestran los hechos concluyentes que están a la vista de todos -si se ocultaran no servirían a su propósito-. ¿Quiénes han tenido y tienen esos puestecitos, dónde y por qué? ¿Qué hacen exactamente en esos puestecitos para justificar sus retribuciones? Sobre todo, ¿quiénes no han tenido ni tienen esos puestecitos y por qué? Todo político de estos partidos, que haya alcanzado la situación de poder ser presentado a unas elecciones, conoce la respuesta a estas preguntas; porque si no la conociera no habría llegado a esa situación.

Incluso cuando hay corrupción delictiva, con dinero de por medio, los grandes partidos jamás mencionan a las grandes empresas corruptoras y menos aún a los grandes empresarios corruptores. Ni siquiera en los casos de corrupción de los otros partidos “enemigos” con sentencia firme. Igualmente, cuando los grandes medios de comunicación hablan de los grandes casos de corrupción delictiva, hacen hincapié en el partido corrupto y en el político concreto corrupto, pero no en la gran empresa corruptora y menos aún en el gran empresario corruptor. Incluso dicen que uno de los problemas principales de España es la corrupción política, pero nunca la llaman corrupción empresarial.

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