El fraude de más de 40 millones de euros al que llamaban “el bote” en UGT.

No es una noticia repetida. Aunque no hace ni 5 meses que publicamos que el “sindicato” UGT ha sido condenado como delincuente en Asturias, resulta que hace apenas unos días que también han sido condenados como delincuentes los dirigentes anteriores de UGT Andalucía y el propio “sindicato” como responsable subsidiario del pago de una multa de 50 millones de euros.

Concretamente, los condenados en la nueva sentencia son el exsecretario general de UGT Andalucía (3 años de cárcel y 50 millones de multa) y cuatro cargos más por los delitos de fraude de subvenciones y falsedad en documento mercantil. Para que os hagáis una mejor idea de la importancia del fraude, es como si hubieran condenado a prisión a Ayuso o a Page y a cuatro consejeros si en vez de UGT estuviéramos hablando del PP o del PSOE.

La nueva condena de Andalucía ha sido por razones muy parecidas a la anterior de Asturias, que es el fraude en las subvenciones de formación de trabajadores. El “truco” o modus operandi era similar: UGT recibía decenas de millones de euros que debían usar solo para dar cursos de formación a los trabajadores, pero parte de ese dinero lo desviaban para poderlo usar en pagar los gastos propios de UGT, en los que se incluyen los sueldos y cotizaciones de los que están contratados por UGT cobrando un sueldo de UGT, sin que lo sepan los afiliados de UGT e incumpliendo su obligación legal de publicarlo en su web. Cómo sería de grande el descaro en UGT que llamaban “bote” al dinero que se sacaban de estas subvenciones. En el caso de esta sentencia, el bote fue de más de 40.000.000€ en solo 14 expedientes de subvenciones que se han examinado.

¿Cómo lo hacía UGT? Pues muy fácil. Como hay que justificar en qué te has gastado el dinero que se recibe de subvenciones de formación, UGT presentaba facturas de que los cursos habían costado una cantidad X. Pero esas facturas estaban infladas, porque el coste real de impartir los cursos era muy inferior. Las facturas se las emitían a UGT ciertas empresas o “proveedores”, que luego hacían descuentos o le pagaban comisiones a UGT. En estos descuentos y comisiones era donde UGT obtenía el beneficio que luego utilizaba para pagar sueldos o lo que estimara conveniente. En resumen, la subvención era de X y UGT presentaba facturas que sumaban X; pero a UGT “se le olvidaba” añadir que luego los proveedores de esas facturas le devolvían Z. De esta manera, UGT cobraba X pero se quedaba el sobrante Z.

Habría que comprobar lo que hubiera hecho UGT con el dinero de las subvenciones de formación en el resto de comunidades autónomas, por si acaso este mismo modus operandi se hubiera estado utilizando en alguna otra federación de UGT o incluso en todas ellas. ¿Acaso no es más que sospechoso que se parezcan tanto las formas de actuación en ambos casos? Así como también podría ser interesante comprobar de quiénes son o eran esas empresas o “proveedores” de UGT, por si acaso nos encontráramos que también fueran de dirigentes o exdirigentes de UGT y/o de sus familiares. Es decir que no solo hubiera habido beneficio para UGT en la cantidad Z que este “sindicato” se quedaba, sino que también hubiera habido beneficio de dirigentes de UGT por la cantidad X-Z que estos hubieran facturado a UGT mediante sus empresas o "proveedores". Por supuesto, todo ello no solo en subvenciones de formación, sino en cualquiera de los otros cientos de subvenciones que ha cobrado UGT en los últimos años.

La sentencia de la que hablamos es del fraude cometido en Andalucía entre los años 2009 y 2013. Curiosamente, UGT anunció precisamente en 2013 estar dispuesta a dejar de impartir cursos de formación, cosa que se confirmó en el año 2019. ¿Acaso esto no es muy ilustrativo? Oiga usted, que parece como si hubieran dejado de dar formación por miedo a que les pillaran en otros fraudes. Que parece que hubieran dejado de dar formación cuando tuvieron claro que ya no les iban a dejar seguir sacándose el “bote”. Por lo que más aún parece, por no decir que está claro como el cristal, que a UGT nunca le ha importado una p.m. la formación de los trabajadores, salvo como vía indirecta de financiación del “sindicato” y de conseguir afiliación. Todo ello para lo de siempre: sacar dinero con el que ponerse sueldos. A poder ser con la base máxima de cotización y, aparte, el teléfono e incluso a veces también el coche de renting y hasta vivienda sin incluir en nómina como salario en especie. Tan simple y tan zafio como eso.

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